lunes, 25 de agosto de 2008

El refugio caribeño de los dioses.


“La naturaleza de la vida, nada exige a tu existencia, solo tú eliges vivir fuera de ella”. (Abel Desestress)

No estuvieron equivocados Hunab Ku, Itzam Ná, Chaac y tantos otros dioses mayas cuando eligieron esta zona de la península de Yucatán en México para que sus fieles edificasen aquí sus templos y pirámides en los que residirían para siempre. Lo que hoy se conoce como Riviera Maya es lo más próximo al paraíso, un lugar ideado para el disfrute de todos los placeres, donde se unen lo mejor de las creaciones humanas y divinas.

Sin duda la imagen más representativa de México, el icono más repetido, es la vista del templo de Tulum reflejándose sobre las aguas turquesas del Caribe y recortada sobre un fondo de vegetación. Esa foto repetida en millones de folletos y tarjetas postales trata de plasmar lo mejor que el país azteca ofrece a sus visitantes: ruinas de varias civilizaciones magníficamente conservadas, naturaleza virgen en la que practicar todo tipo de deportes y vivir mil aventuras, un mar tranquilo y de increíble belleza... y todo ello bajo un cálido sol que ofrece magníficas temperaturas durante todo el año.

Pese a su deslumbrante belleza, Tulum es un yacimiento arqueológico menor dentro de los muchos que esconde la península de Yucatán. Chichén Itza, Uxmal, Kabah, Cobá y tantos otros ofrecen al visitante magníficos ejemplos del esplendor que llegó a ofrecer la misteriosa cultura maya y la magnificencia de sus obras. Templos y centros ceremoniales, caminos dispersos en la selva, construcciones para la observación astronómica, campos para el ceremonial juego de la pelota y, por supuesto, numerosas pirámides, son los muchos monumentos de la cultura más importante de la antigua Mesoamérica. Pero lo que hace a Tulum único es justamente su posición sobre el Caribe y el simbolismo que expresa, exaltando las cualidades del lugar donde se encuentra, la Riviera Maya, una de las zonas turísticas más atractivas del mundo.

Se trata de una costa virgen de 200 kilómetros que se extienden desde Cancún y su zona hotelera hacia el sur, a lo largo de una cómoda carretera que enlaza todo el litoral. La Riviera es la otra cara de Cancún, su complemento perfecto. A los numerosos hoteles y lugares de diversión de Cancún, La Riviera añade parques naturales con enormes calas, abismos de color turquesa repletos de peces tropicales y perfectos para practicar el submarinismo. Las playas, protegidas por un arrecife coralino, resultan calmadas y transparentes, perfectas para practicar los deportes acuáticos y en particular el submarinismo, que cada vez atrae a más aficionados. El agradable clima durante todo el año contribuye a convertir la zona en un buen escenario para los deportes en el mar en cualquier estación.

Riqueza Arqueológica
Además del mar, el otro gran atractivo turístico de la zona es la riqueza arqueológica. Abundan los restos mayas, e incluso sus habitantes actuales son en parte descendientes de los antiguos mayas que poblaron la península del Yucatán durante siglos y que hicieron florecer la cultura maya antes de la llegada de los españoles en 1.519. Gran parte de la población de la región habla todavía la lengua maya, mantiene sus construcciones típicas, las palapas, y elabora recetas milenarias.

El auténtico tesoro de esta antigua civilización se encuentra en el interior: desde la Riviera Maya parten excursiones hacia los enclaves arqueológicos de Chichén Itzá y Uxmal, los más apasionantes restos de la cultura maya, que tienen como complemento perfecto la visita a la ciudad colonial de Mérida, capital del Yucatán.

Los complejos turísticos de la Riviera Maya, comenzando por el propio Cancún, han arrebatado el espacio a golpe de machete a la selva pero sólo a unos kilómetros de Cancún, se extiende la naturaleza salvaje, con parques ecológicos como Xcaret, Xel-Há, Tres Ríos o Xpu-Há, a modo de parques temáticos que introducen al visitante en el conocimiento de la naturaleza y cultura de la región.

Una naturaleza virgen
Junto a la playa, se extiende una selva baja característica del trópico que ofrece una muralla al mar. En muchos lugares resulta casi impenetrable y con una riquísima flora y fauna. Entre la vegetación se encuentran con frecuencia formaciones geológicas únicas en el mundo. Se trata de los cenotes, cuerpos de agua dulce de caprichosas formas y distintos tamaños, producto de ríos subterráneos que a través de millones de años emergieron a la superficie.

Los cenotes tuvieron una importancia fundamental en tiempos mayas y todavía hoy la conservan. En toda la península de Yucatán no hay ríos exteriores y el único suministro de agua es por los subterráneos. Estas reservas de agua que a veces forman espectaculares bolsas, como grandes lagos interiores, tuvieron carácter sagrado y los mayas ofrecían allí sus sacrificios como han comprobado los arqueólogos y, de vez en cuando, descubren todavía los buceadores.

Selvas y cenotes son ahora el escenario ideal para ciertas prácticas de turismo de aventura. Puede practicarse el senderismo a pie o a caballo, la tirolina, cruzando por encima de cenotes abiertos o sobre la densa vegetación, el descenso a rapel a las cuevas de los cenotes para bañarse en ellos, el submarinismo en ríos subterráneos y muchas otras cosas. Naturalmente, el desarrollo hotelero, que se ha realizado de manera controlada y cuidando el entorno, ha permitido la creación de espacios para la práctica de otro tipo de deportes, como el golf, que a partir de marzo contará con seis campos de juego, la natación y el tenis, todo tipo de deportes náuticos, el fitness y muchos otros. Mención aparte merecen los spas, con piscinas exteriores y cubiertas climatizadas, saunas, jacuzzis, baños turcos y todo tipo de tratamientos.

Paraíso bajo las aguas
Frente a la Riviera Maya se encuentra el segundo arrecife de coral más importante del mundo, tras el de Australia, con casi 900 kilómetros de largo. Una sucesión de arquitectura coralina íntima y salvaje, de una insólita belleza y de una gran calma. Es el lugar soñado por todos los aficionados al buceo o al snorkel, que compartirán su experiencia con millones de peces de los más atrevidos colores. Hay más de 500 especies de peces y un total de 72 lugares claramente identificados con las más insólitas formaciones coralinas, desde las que presentan aspecto de cerebro humano a las que simulan vegetales ondulantes. Hay paredes que caen a pico como grandes abismos y mesetas poco profundas que pueden observarse nadando sobre la superficie del mar.

En la zona existen varios parques naturales protegidos en los que bucear a gusto, con una limpieza de aguas increíble, entre los que destacan Xel-Ha y Xcaret. Pero el que busque algo realmente singular, debe atreverse a bucear en los cenotes, conjuntos de ríos subterráneos entre formaciones de estalactitas y estalagmitas y con su propio ecosistema. Una experiencia única.

Xcaret: Arqueología y ecología
Una de las visitas imprescindibles en Riviera Maya es el parque eco-arqueológico de Xcaret, situado a cinco kilómetros de Playa del Carmen. Su nombre significa pequeña caleta y alude a su privilegiada situación en una de las playas de la zona. En tiempos mayas fue un relevante centro comercial y, como Tulum, lugar en partida hacia la cercana isla de Cozumel, que contaba con un destacado centro ceremonial y oráculo dedicado a la diosa Ixchel.

Xcaret es el parque más visitado de la Riviera Maya, tanto por sus antiguos monumentos como por el Parque Eco-Arqueológico dedicado a la difusión de la cultura maya y mexicana en general, así como a la preservación del medio ambiente y la ecología. Visitar Xcaret no es solamente un paseo por un paisaje maravilloso, sino la entrada a un universo ecológico dedicado a la investigación y preservación de especies biológicas naturales de la zona. Significa también acercarse a la cultura maya, manifiestamente presente en los vestigios arqueológicos que se encuentran en el interior del parque.

Entre las experiencias que pueden vivirse en las casi 130 hectáreas del parque, se incluye bucear en un cenote, dejarse llevar por la corriente de un río subterráneo o nadar en uno abierto que trascurre entre restos mayas. También sumergirse en el hábitat marino de los delfines o contemplar en su estado natural todo el mundo marino, desde enormes tortugas a multicolores peces de arrecife de coral.

La flora puede apreciarse al detalle en su invernadero de orquídeas con más de cien variedades, en su granja de hongos comestibles o en los senderos que discurren por la selva con todo tipo de especies. La fauna está ampliamente representada, desde el mariposario que es uno de los mayores del mundo o el aviario en el que se preservan más de 30 especies regionales, a la cueva de murciélagos o el colmenar, donde se cultivan abejas, la zona reservada a pumas y jaguares o la isla de los venados.

El mundo submarino puede disfrutarse de manera especial. Además del monumental acuario con peces tropicales y las enormes piscinas para tortugas y delfines, puede vivirse de cerca practicando el snorkel, el buceo o, lo último, el sea treck, que permite caminar bajo el agua con un casco submarino al estilo de los antiguos buzos. Una fórmula ideal para quienes no saben nadar.

En Xcaret puede apreciarse además la riqueza de la cultura del país. Hay un pueblo maya que reproduce con gran realismo desde las antiguas ceremonias a los dioses, a la artesanía tradicional, pero también puede presenciarse un espectáculo ecuestre mexicano o las arriesgadas piruetas cabeza abajo de los típicos voladores de Papantla. Al caer la noche, hay que acercarse al gigantesco anfiteatro en el que se presenta un gran espectáculo en el que se hace un recorrido por algunos de los mitos de la cultura maya, como el tradicional juego de pelota pok-ta-pok, la música de los tambores tunkules, los ritos perfumados del copal y los partidos con bolas de fuegos. Después hay una representación de la conquista española y la simbiosis de culturas y un repaso al mejor folclore de diversas regiones de México. Si se desea, mientras se contempla el espectáculo, se puede cenar, disfrutando de la rica gastronomía mexicana. Es la forma de que ninguno de los sentidos quede sin satisfacer en este lugar que expresa lo mejor de la esencia mexicana.