miércoles, 21 de mayo de 2008

Fraude con una cabeza olmeca

Genuina cabeza colosal olmeca con rasgos negroides
Las enormes piedras que sirvieron para esculpir las cabezas colosales fueron traídas de canteras en la zona de los Tuxtlas, a más de 80 kilómetros de distancia, a través de montañas selváticas, pantanos y ríos caudalosos. Seguramente necesitaron varios cientos de hombres para movilizar las rocas de basalto en balsas a través de los ríos.
Uno de los temas polémicos en relación a los monumentos olmecas es el hecho de que un gran número de las esculturas fueron mutiladas. Se han manejado varias explicaciones, como que los propios olmecas las rompieron para significar que la persona retratada había muerto, o bien que fueron destruidas por grupos no olmecas en actos de vandalismo y destrucción.
Historia de un fraude
Existen fotografías que prueban la falsificación de una cabeza colosal supuestamente olmeca valuada en 20 millones de dólares (US$20.000,000), que fue exhibida en Europa y adquirida por el porfiado millonario empresario peletero y coleccionista alemán Anton Roeckl.
La arqueología ha descubierto hasta la fecha 17 monolitos de cabezas legítimamente olmecas. Sin embargo, hay una cabeza más conservada bajo estricta protección en algún lugar de Alemania o Suiza.
El monolito mide 97 centímetros de altura, 78 centímetros de frente por 67 centímetros de profundidad; está tallado en piedra basáltica, fue exhibido en Europa en 1997; en 1999 fue valuado en 20 millones de dólares por una consultoría de Florida, Estados Unidos, y luego fue comprado por un coleccionista alemán. Sólo que esa cabeza es falsa.
Arthur Brand, investigador que colabora con cuerpos policiacos en varias partes del mundo, fue contactado en Holanda para conocer la historia de este fraude a costa del patrimonio cultural mexicano y detrás del cual también se encuentra el traficante costarricense Leonardo Patterson.
“En los años 90 la Policía de Alemania encontró en el almacén de Patterson, en Múnich, unas fotografías muy interesantes. En ellas se ve a un falsificador esculpiendo una cabeza colosal olmeca”, recuerda Brand, quien posee copias de ese material gráfico que fue incautado y hasta ahora es inédito.
En las fotografías se aprecia a un hombre cincelando una piedra basáltica, dándole forma de una cabeza olmeca con detalles que recuerdan las características de la cabeza monumental número 1, hallada en 1945 en el Cerro de Cintepec (Veracruz).
En las fotos incautadas por la policía alemana, la cabeza ya terminada aparece exhibida como parte de las más de mil 800 piezas de la muestra denominada El Espíritu de América Prehispánica: 3000 años de cultura, que Patterson montó en 1997 en Santiago de Compostela, España.
Para verificar si las imágenes de la escultura concluida y de la piedra en bruto corresponden al mismo objeto en diferentes etapas, se consultó a editores de fotografía, arqueólogos y artesanos que reproducen piezas arqueológicas. Después de un análisis visual no quedó ninguna duda: la piedra que cincela el falsificador es la misma que aparece con forma de cabeza olmeca en esa muestra, entre otras cosas “porque el entramado del basalto vesicular es idéntico”, concluyó la arqueóloga Ann Cyphers.
Más allá de las evidencias a la vista, Brand ha reunido documentos que no sólo prueban la falsedad de la cabeza sino que, además, ilustran el camino del fraude para legitimar una pieza falsa con el fin de ofrecerla en el mercado internacional en millones de dólares.
Al parecer, el comprador de la falsificación es el empresario peletero y coleccionista alemán Anton Roeckl, quien no respondió a los mensajes que se le han enviado para confirmar o desmentir la información.
Complicidad en Costa Rica
De acuerdo con esos documentos, una vez lista la cabeza falsa, a finales de 1992 el estadounidense Frederick J. Dockstader extendió en Manhattan un certificado de autenticidad en el que afirmaba: “He examinado la superficie del tallado y no he hallado rastros de ninguna herramienta moderna […] En mi opinión ésta es una representación genuina del periodo olmeca del México precolombino…”.
Dockstader, acusado por el estado de Nueva York de haber saqueado el Museo del Indio Americano cuando él lo dirigía, durante sus últimos años de vida trabajó para Patterson como su autentificador de cabecera, según fuentes consultadas en Estados Unidos.
En septiembre de 1999, Russell B. Hicken, de la consultoría Fine Art Ltd. de Florida, valuó la cabeza en 20 millones de dólares por ser un “objeto artístico de clase mundial”, comparable con “antigüedades mediterráneas, vestigios de mobiliario europeo y americano, maestros impresionistas franceses…”
Con esos avales, Patterson aseguró la cabeza como si fuera una pieza genuina. En 2002 la aseguradora AON Re Iberia extendió una póliza por 15 millones de dólares para trasladar el objeto desde Santiago de Compostela a Suiza. La copia de la póliza serviría al traficante para dar mayor confianza a un comprador.
Entre todas las pruebas destaca un acta notarial firmada en la ciudad de México el 26 de septiembre de 1993, el falsificador identificado como Luis Ernesto Bianchi Salbitano declara: “Hago constar que las fotografías que proporcioné al señor Alejandro Burger y que por conducto de él llegaron a manos de los señores Jerg Bronner y Holger Brock, todos ellos residentes en la ciudad de Múnich, Alemania, no son más que fotos de una reproducción que elaboré para una casa particular en Cuernavaca, Morelos. Las bases del modelo fueron tomadas del original que está en poder del señor Leonardo Patterson”.
El notario, un costarricense con sede en San José de Costa Rica, que se trasladó al Distrito Federal de México para extender el documento, se llama Fernando Berrocal Soto y fue embajador de su país en la Unión Soviética de 1974 a 1978, en la ONU de 1994 a 1998 y fue ministro de Gobernación y de Seguridad Pública en el gobierno de Óscar Arias hasta finales de marzo de presente año.
A propósito del escándalo por el decomiso de la colección de arte prehispánico en España, Berrocal comentó en agosto pasado al diario tico La Nación que conoció a Patterson cuado se desempeñaba como embajador en la ONU. Mintió. Hay evidencias que desde antes era su notario de cabecera para avalar sus cuantiosos negocios fraudulentos.
El falsificador
Si se rastrea a Luis Ernersto Bianchi Salbitano, solamente se le encontrá en una tumba porque falleció hace aproximadamente cinco años en San Andrés Tuxtla, Veracruz. Según los cazatraficantes internacionales holandeses Michel van Rijn y Arthur Brand, inundó de piezas falsas colecciones privadas y de museos.
Este mexicano, de ascendencia argentina, ofrecía sus esculturas a traficantes, galerías y museos de todo el mundo, diciendo que las había encontrado él mismo.
Por suerte, en Guatemala no ha aparecido algún estafador que se robe las colosales cabezas que se creen olmecas que están en exhibición en el parque de la La Democracia para venderlas en millones de dólares.